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Por lo pronto, de manera extraoficial, el caso del rancho del huachicol en El Sauzal, delegación de Ensenada, Baja California descubierto el miércoles 26 de marzo, se anota para ser un trabajo interno.

En el extenso predio, propiedad del morenista Gerardo Novelo, fueron localizados 100 contenedores con combustible, con una capacidad estimada de cada contenedor, de unos 71 mil litros; además, aseguraron 46 remolques tipo pilas de almacenaje, 19 tractocamiones, dos oficinas móviles, una cisterna y por lo menos 12 motobombas para extracción y flujo del combustible.

En total, elementos del Ejército, Guardia Nacional y autoridades locales confiscaron en todos esos recipientes industriales, 8 millones de litros, que, a valor de mercado, se estima una operación de 209 millones de pesos, sólo con lo ahí encontrado.

Tanto profesionalismo, precisión e infraestructura para almacenar el combustible robado no es hechizo, sino todo lo contrario. En el rancho de El Sauzal tenían una pequeña sucursal de almacenamiento y distribución de combustible de Petróleos Mexicanos (Pemex).

No se trata, pues, de una banda cualquiera dedicada al huachicol, sino de expertos en la materia, en el manejo, almacenamiento y distribución de combustible. En el lugar debieron trabajar ingenieros certificados por lo menos en levantar la infraestructura para el ilícito negocio.

El combustible no llegaba al rancho del huachicol porque inexpertos criminales abrieran un ducto de Pemex y le aspiraran el combustible, sino que pipas especializadas descargaban el combustible ahí, evidentemente de manera clandestina, pero muy organizada.

Petróleos de México es una institución que, de manera sistemática, ha servido de caja chica para gobiernos de cualquier partido: PRI, PAN, ahora Morena, y en el caso de Baja California, duermen con el criminal en casa.

Personal de la planta en Rosarito ha confirmado de manera extraoficial que el huachicoleo detectado en Ensenada, donde elementos de Fuerzas Armadas y locales confiscaron los 8 millones de litros de combustible, se hizo con la aprobación de la institución. Es decir,  sus superiores estaban al tanto del hurto y sabían de la logística para el traslado y almacenamiento del mismo.

Explicaron que los barcos con combustible de Pemex abastecían primero la central oficial en Rosarito, y de ahí se trasladaban a Ensenada para abastecer los contenedores industriales en el predio que Novelo rentaba a otra persona. Es decir, sí era un robo, pero no ajeno.

Ciertamente el huachicol, como el narcotráfico, no pueden desarrollarse y crecer de manera unilateral en la criminalidad, requieren de complicidad por parte de la autoridad para contar con impunidad en las acciones de logística para la comisión de los delitos y no ser aprehendidos por los mismos.

Trabajadores de Pemex en Rosarito confiaron que el sistema funcionaba así desde hace algún tiempo: unos litros para la central, otro tanto para el huachicol en El Sauzal, y todos felices, haciendo dinero para las arcas de la institución y los bolsillos de los criminales que no han sido identificados.

El combustible “robado” y almacenado en El Sauzal era utilizado en el mismo sentido que el almacenado en las centrales de Pemex: para surtir estaciones de venta de gasolina y diésel al menudeo. Tan es así -confiaron los empleados de la paraestatal- que antes de ser descubierto el rancho del huachicol, de Petróleos Mexicanos Rosarito salían a diario 120 pipas para surtir a las estaciones de venta de gasolina en la Zona Costa de Baja California. Todos los días, pero a partir del aseguramiento del predio en Ensenada con su respectiva infraestructura y 8 millones de litros de combustible, han salido de Rosarito 160 pipas diarias para abastecer a las estaciones de servicio. Esto dignifica -reflexionaron los empleados de Pemex- que esas 40 pipas adicionales, eran las que daban el servicio de abastecimiento saliendo desde el rancho del huachicol en El Sauzal, pero a partir de su aseguramiento, ahora Pemex debe hacerse cargo de manera directa,  como debería ser.

Sin embargo, dijeron que esta información la tienen resguardada junto con las pruebas de ello y la evidencia del hurto y el abastecimiento. Eso sí, que un día después del descubrimiento del huachicol, personal de Pemex en Ciudad de México llegó a Rosarito para “iniciar una investigación”,  o mejor dicho, justificar lo que ya sabían, pero ocultaban, y de paso ir armando un chivo expiatorio a quien endilgarle el hurto del combustible en tan grande cantidad y desde hace tanto tiempo.

De acuerdo al análisis de los expertos, montar tal infraestructura en el rancho de El Sauzal debió tomar varios años y hacerse de manera escalonada, incrementando cada vez la capacidad de almacenaje y distribución del combustible hasta llegar a los 100 contenedores, las cisternas y la infraestructura de almacenaje y bombeo, para desde ahí y como se hace oficialmente, distribuir el combustible robado.

El tema, dicen, es que por el momento Pemex debe surtir lo que surtían ilícitamente desde El Sauzal, por lo menos en lo que se arma otro rancho del huachicol para seguir lucrando desde Pemex en el jugoso negocio de la venta de combustible “robado”, dado que sólo lo asegurado tenía un valor de 209 millones de pesos… ahora imagine la suma al pasar de los años, pues los propios expertos agregaron que construir esa infraestructura tomó por lo menos desde cuando Armando Ayala era alcalde de Ensenada: unos siete años.

FUENTE: SEMANARIO ZETA.
AUTRO: ADELA NAVARRO BELLO.

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